Los Galeones De Rande

Historia

El 15 de octubre de 1702 entró en la ría de Vigo el mayor cargamento venido de América desde el descubrimiento. Diecinueve galeones españoles, escoltados por veintitrés barcos de guerra franceses, portaban ciento ocho millones de piezas de oro, plata y otras mercancías preciosas destinadas a costear la Guerra de Sucesión en favor de Felipe V. Retrasos burocráticos permitieron la llegada de una flota de piratas anglo-holandeses que, tras una feroz batalla, se llevaron unos cuarenta millones de piezas. El resto permanece, hoy, en el fondo de la ría viguesa.

Una serie de infortunios llevó a la llamada la Flota de Oro a hundirse en el fondo de la ría de Vigo. La rígida burocracia, la guerra, los piratas y una profunda indecisión propiciaron que los muchos tesoros acumulados durante siglos por los aztecas e incas no alcanzaran su destino y quedaran repartidos entre corsarios ingleses y holandeses, mercenarios franceses y, sobre todo, el fondo marino de la ría de Vigo. El que puede considerarse como el tesoro más grande de la historia sólo es propiedad de los peces.

La batalla de la Bahia de Vigo. Pintura de Ludolf Bakhuizen
La batalla de la Bahia de Vigo. Pintura de Ludolf Bakhuizen

Dos siglos antes, los españoles emprendierón una busqueda de oro en las Indias Occidentales para satisfacer sus ansias de riqueza. "En Perú existían los techos de oro descritos por las leyendas que las gentes se repartían, sin atreverse a creer en ellas; los muros de los templos estaban cubiertos por hojas de oro y se llegaba a ellos por avenidas enlosadas en plata maciza; la colina del Perro no era más que un gigantesco bloque de plata. Los Andes rebosaban de esmeraldas, zafiros y diamantes; en las playas se recogían perlas de una belleza y un grosor insospechados...".

Los tesoros y las obras de arte de milenarias civilizaciones y la plata de las minas de Pachuca, Tlalpujalma, San Luis, Sultepec, Tasco, Guanajato, Oajaca, Tetela, Zacateas, Fresnillo o Sombrerete llenaron, durante siglos, las bodegas de los galeones con destino a Cádiz, Sevilla o Palos de Moguer. Este abundante y lucrativo comercio llevó a instalar en Sevilla, en enero de 1503, la Casa de Contratación, organismo administrativo, financiero, comercial, de investigación geográfica y jurídica, oficina de emigración, depósito comercial, tribunal mercantil y escuela náutica. Allí, se llevaba el control de todo lo que partía hacia América y de lo que de allí llegaba, imponiendo tributos y aranceles que correspondían a la Corona.

Allí, se revisaba a conciencia cada navío para comprobar que el viaje no entrañaba peligro para la tripulación y los ocupantes, el armamento, el velamen, la carga, las provisisones, el riguroso aislamiento de las mujeres y la autorización de los hombres, firmada y legalizada por la esposa, para poder abandonar el hogar conyugal. Y, al regreso, los fucionarios inspeccionaban, en alta mar, la descarga y los trasvases y cobraban los impuestos, abandonando los buques cuando las bodegas estaban ya vacías.

Tambíen allí, se controlaban las dos flotas que se hacian a la mar, cada año, tras la muerte de Carlos V. Una, la de Nueva España, iba a las partes septentrionales del Caribe y el golfo de México. Otra, la de Tierra Firme, visitaba los puertos de América del Sur y las Antillas del sudeste. De ésta última, la que partió en 1699, al mando de Manuel de Velasco y Tejada, se convirtió, casi por azar, en la Flota de Oro y, como tal, entró en la bahía de Vigo el 22 de septiembre de 1702. Estaba compuesta por cuarenta barcos: tres galeones de guerra (la nao capitana y dos naos almirantes), catorce galeones mercantes, dos pataches, un barco auxiliar, quince navíos, tres fragatas, un brulote y un aviso.

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