Los Galeones De Rande

El rescate del oro

El rescate del tesoro de Rande ha atraído a muchos aventureros. Ingleses y españoles lo intentaron acabado el combate. Luego, siguieron el sueco Sjojelm (1720), Juan Antonio Rivero (1732), que sacó dinero por valor de 3.068 reales, cañones, planchas metálicas y otros enseres, y Bernardino Freire (1776).

Del 25 de octubre de 1825 al 29 de agosto de 1826, Dickinson, patrón del bergantín Enterprise, halló varios barcos y sacó maderas, cañones, anclas, plomo, cobre, loza y una fuente de plata. Mas, en la campana submarina bajaron sólo los ingleses, que marcharon sin anunciarlo, suscitando las sospechas españolas.

Un real decreto de 1859 dio un permiso de diez años a David Langlands. Ocho después, lo cedió al francés Saint Simon Sicard, que se asoció con su compatriota Felipe Hipólito Magen, residente en España y autor del libro "Los Galeones de Vigo" (París, 1873). Repitieron en 1870, recuperando, en un mes, cuarenta y cuatro kilos de plata, cañones, maderas finas y cerámica.

Rescate de los galeones de la Bahia de Vigo, París 1870
Rescate de los galeones de la Bahia de Vigo, París 1870

Del 26 de marzo de 1872 a febrero de 1873, una empresa francesa dirigida por el ingeniero Mazin halló, con la fragata Vigo, pensada para extraer tesoros, un lingote de plata de seiscientos gramos, balas de hierro y trozos de cobre, estaño y bronce. Y de 1884 a 1886, la norteamericana Vigo Bay Treasure sacó muebles y maderas preciosas, con las que Varela, relojero vigués, hizo unos bastones, llamados de Rande, que estuvieron muy de moda.

En 1892, el ingeniero italiano Giuseppe Pino fundó IDRAS. Trabajó hasta 1929, sacando unas bandejas de plata (del navío inglés Príncipe George) y unas vasijas de barro llenas de vino. De 1903 a 1915, el también italiano Carlos Iberti, con su yate San Clemente, probó un hidroscopio para ver a través del agua y hallar "barcos donde no se ha buscado antes". Formó, con Pino, la Sea Salvage Company Limited, subió varios cañones, dijo que en la ría había 24.651.323 libras y abandonó para perfeccionar la maquinaria.

Y probaron suerte Pérez de la Riva (1842); Barthe (1869); Frobin (americano, 1882); John Emery Gower (1885); José González Stéfani (1887); la Vigo Salvage Company (1875); Johnson (inglés, 1892); Conde de Pradera y Andrieux (franceses, 1899); André Sther (sueco, 1913); Belfi Luigi (italiano, 1923) y Manuel Moxó Durán (1934).

El último fue John S. Potter Jr., neoyorquino, ingeniero por Harvard y fundador, administrador y principal accionista de la Atlantic Sauvage Company Limited. El 16 de agosto de 1955, logró un permiso por tres años, según el cual "todo cuanto se encuentre pertenecerá íntegramente al Estado español, el cual entregará a la compañía concesionaria, en moneda nacional española, el cincuenta por ciento del valor de los objetos extraídos, o el cuarenta por ciento cuando este valor rebase el millón de pesetas". Buscando fondos, Potter publicó un folleto con palabras del comandante Cousteau: "las historias de tesoros hundidos son en un noventa y nueve por ciento patrañas o engaños, en los cuales la única riqueza por descubrir es la que pasa de manos del financiador a las del promotor de la empresa. El deseo de enriquecernos rápidamente y sin esfuerzos que casi todos sentimos nunca ha sido explotado de un modo más feliz que por parte de esos individuos aprovechados que hablan de tesoros hundidos mostrando amarillentos mapas de galeones naufragados".