El oro y el capitán Nemo

En la famosa obra de Julio Verne – 20.000 leguas de viaje submarino -. El capitán Nemo ya descubrió el oro que había dentro de los galeones de la ría de Vigo.

Este es un fragmento de la novela:

"El capitán Nemo pareció haber concluido su relato que, lo confieso, no veía yo en qué podía interesarme.

- ¿Y bien? – le pregunté.

- Pues bien, señor Aronnax, estamos en la bahía de Vigo y sólo de usted depende que pueda conocer sus secretos.

El capitán se levantó y me rogó que le siguiera. Le obedecía, ya recuperada mi sangre fría. El salón estaba oscuro, pero a través de los cristales transparentes refulgía el mar. Miré.

En un radio de media milla en torno al Nautilus las aguas estaban impregnadas de luz eléctrica. Se veía neta, claramente el fondo arenoso. Hombres de la tripulación equipados con escafandras se ocupaban de inspeccionar toneles medio podridos, cofres desventrados en medio de restos ennegrecidos. De las cajas y de los barriles se escapaban lingotes de oro y plata, cascadas de piastras y de joyas. El fondo estaba sembrado de esos tesoros. Cargados del precioso botín, los hombres regresaban al Nautilus, depositaban en él su carga y volvían a emprender aquella inagotable pesca de oro y de plata.

Comprendí entonces que nos hallábamos en el escenario de la batalla del 22 de octubre de 1702 y que aquel era el lugar en que se habían hundido los galeones fletados por el gobierno español. Allí era donde el capitán Nemo subvenía a sus necesidades y lastraba con aquellos millones al Nautilus. Para él; para él sólo había entregado América sus metales preciosos. El era el heredero directo y único de aquellos tesoros arrancados a los incas y a los vencidos por Hernán Cortés.

- ¿Podía usted imaginar, señor profesor, que el mar contuviera tantas riquezas? – preguntó, sonriente, el capitán Nemo".

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