Si entre los galeones hundidos de Vigo hay uno especial, ese es el Santo Cristo de Maracaibo. Sus bodegas guardaban una carga valorada en un millón de libras y su particular odisea ha impedido que, por el momento, sea hallado. El barco fue apresado por el Montmouth, navío inglés de tercera categoría, dos puentes y sesenta y seis cañones, mandado por el capitán John Baker. Junto a él, navegaban los tenientes Samuel Gilman, Gaspar Pynter y Henry Roch, el pastor Aylos Silas y trescientos ochenta y cuatro hombres. Baker logró romper la estacada, apresó el Santo Cristo de Maracaibo y lo arrastró rápidamente, sin que los españoles pudieran hundirlo. Con la nave en su poder, el capitán inglés hizo un inventario oficial, selló las puertas de los depósitos y, el 5 de noviembre, partió hacia Gran Bretaña, mas perdió su tesoro al sur de las Cíes. Según John Baker, que, por esta causa, sufrió consejo de guerra, "saliendo del puerto de Vigo, el galeón chocó contra una roca y se despanzurró de tal forma que el agua penetró hasta el puente inferior".
¿Qué ocurrió? Para unos, el Maracaibo chocó contra el arrecife de los Castros, pero, ahí, hay más de treinta y cinco metros de profundidad. Para otros, el galeón, de cinco metros y medio de calado, naufragó a las once de la mañana, es decir, cuando descendía la marea y los arrecifes al sur de Cíes tienen las siguientes produndidades: Castros, 9,50 m.; Gabotos, 6,30 m.; Forcados, a superficie; Cruz de Almena, 14,60 m.; Barrosa, 14,30 m.; Pez de Piedra Muerta, a superficie: Carrumeiros, 5 m. Según la travesía del Montmouth, sólo el último pudo tocar el galeón, que no se hundió inmediatamente (se salvó la tripulación y se sacaron mercaderías) y debió derivar a causa de la marea.
Del Maracaibo se sacaron muchas cosas: cajas de cochinilla y tabaco, piezas de sederías, fuentes con bandejas, platos, cucharas grandes y pequeñas, tenedores, candelabros, una torta de plata de siete libras de peso, sacos de dólares, objetos de plata, vestidos de niño, chalecos de hombre, abanicos, fardos de indigo… Pero todo estaba en la parte alta del galeón, de modo que la mayor parte de las riquezas se encuentran, aún, en el fondo del mar.